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Arzuaga: vinos, relax y gastronomía de estrella en la Ribera del Duero

En Quintanilla de Onésimo se encuentra este hotel destino que lo tiene todo: un spa de aúpa, bodega y un restaurante con estrella Michelin.

Cuando enfilas la carretera N-122, sabes que va a pasar algo bueno. Esta nacional que muchos detestan también es el lugar que alberga algunas de nuestras propuestas favoritas, como la de Abadía Retuerta o Alma Carraovejas. Y es también allí, concretamente en la población de Quintanilla de Onésimo, donde está otro lugar en el que parar sí o sí en tu viaje a la Ribera del Duero, las bodegas y el hotel Arzuaga

Esta bodega vallisoletana, fundada a principios de los 90, arrancó su andadura cuando Florentino Arzuaga compró su primera finca, La Planta, y descubrió todo su potencial. A aquella se sumaron muchas más y llegó la bodega, con la elaboración de vinos de altísima calidad. 

Pero aquello merecía más y años más tarde levantaron un hotel. Y a toda aquella tradición familiar, se unió la modernidad, la frescura, características que implementó la entrada de Amaya Arzuaga en el proyecto, tras su retirada en 2017 del mundo de moda.

La diseñadora llevaba su carácter no solo a los espacios del hotel, que se ha reformado en los últimos años o el restaurante Taller, sino también en las creaciones de la bodega, con una colección de vinos que une lo mejor de los dos mundos. Recoge el imaginario estético de la que fuera diseñadora y lo plasma en las etiquetas de su vino exclusivo, un tinto elaborado con tempranillo y albillo mayor, con uvas de cepas casi centenarias. Pero Amaya donde se siente como pez en el agua es en la gestión de estos espacios.

Vistas a los viñedos.

UN HOTEL EN MEDIO DE VIÑEDOS

¿Despertar con vistas a los viñedos? Nos gusta, y mucho. En Arzuaga cuentan con casi un centenar de habitaciones que te esperan con los brazos abiertos. Y tienen algo que nos encanta, dos zonas, una vanguardista y otra que parece haberse detenido en el tiempo, heredera de ese carácter castellano de la bodega. Lo que sí tienen todas son una carta de almohadas, amenities con el sello de la casa y hasta una botella de Arzuaga Crianza para que vayas entrando en materia. Incluyen, además, una visita guiada a la bodega, para que te vayas de allí con la lección aprendida.

Pero la joya de la corona bien puede ser su spa. Muchos gozan del sobrenombre “& Spa”, pero a veces llegas y lo único que te encuentras es una sauna y un minúsculo jacuzzi. No es el caso de Arzuaga, porque su spa es otro de los corazones del hotel. Y es magnífico, con todas las letras de la palabra. La zona de aguas es de impresión, empezando por la piscina con chorros y jacuzzi con ventanales de suelo a techo con vistas a un marco incomparable, los viñedos, y siguiendo por su sauna finlandesa, un hammam, el nebulizador, las piscinas de contrastes y hasta un flotarium.

Spa del hotel.

Y eso en cuanto a las instalaciones, porque la carta de tratamientos es digna de reconocimiento. Todo lo que puedas imaginar, lo encuentras en Arzuaga. Desde lo más clásico, los masajes de todo tipo (de piernas, de cabeza, terapeúticos, shiatsu, etc.) a faciales como un best seller, el Vitamina C, un ritual antimanchas y antioxidante que recupera la luminosidad del rostro con vitamina C pura y productos de Germaine de Capuccini.

Hay más. Te pueden envolver en oro, chocolate o barros marinos para rejuvenecer cuerpo y alma, ayudarte a recuperar la serenidad con lavanda, sándalo, agua de naranjo y vainilla o, como no podía ser de otra forma, relajarte a golpe de vinoterapia. Y de esto entienden un rato. ¿Las opciones? Un baño privado a la uva con una copa de su Crianza, un peeling corporal con semillas de uva merlot o una envoltura con fango de uva tinta fino y tempranillo, rica en taninos que regenera y desintoxica la piel. Una cosa más, como especial de primavera, proponen un masaje con otra de las joyas de la casa, su AOVE de la variedad cornicabra que producen en los Montes de Toledo.

Cata en la bodega.

APERITIVO BAJO UNA ENCINA CENTENARIA

Con el relax en el cuerpo, lo siguiente que hacer en Arzuaga sería visitar La Planta. A escasos diez minutos en coche del hotel, se encuentra este vergel, una finca de enorme, la segunda de mayor extensión del país de encinas y en la que el plan pasa por visitar a sus animales y terminar con un aperitivo.

Llevan el enoturismo al siguiente nivel para conocer fauna y flora del lugar, rodeados de encinas y viñedos. Allí viven en semi libertad jabalíes, ciervos y muflones, que convierten la visita en una clase de biología. ¿Miedo por ellos? Nunca más, porque no pueden estar más tranquilos y creed que la oportunidad es única. Nunca habrás visto un ciervo desde tan cerca. También aquí tienen su huerta ecológica, que nutre, sobre todo, a los restaurantes del hotel, convirtiendo toda la finca en un adalid de economía circular.

Tras el contacto con la naturaleza, llega el premio. De vuelta a la propia finca, la siguiente tarea es tomar un aperitivo con los vinos de la bodega e ibéricos. Y eso siempre es un plan. Pero más si te decimos que lo haces bajo una encina casi milenaria, absolutamente conmovedora. Tanto que incluso celebran enlaces matrimoniales bajo ella.

Ciervos en la finca La Planta.

DOS PROPUESTAS GASTRONÓMICAS

Ya dijimos que aquí no hacía ni falta salir del hotel, que Arzuaga es destino en sí mismo. Y para serlo, también tenía que ofrecernos una propuesta gastronómica que invite a querer quedarse y no salir nunca. Y eso lo consiguen con dos espacios, totalmente diferentes en propuesta e igual de estimulantes.

El primero es su restaurante tradicional. Aquí uno va a comer los platos típicos de la zona. Sopa castellana, huevos fritos con morcilla, lechazo al estilo tradicional que aquí asa al sarmiento de vid… Y otros tantos platos que merecen el homenaje como su pastel de puerros con hígado de oca, unos pimientos rellenos de mariscos sobre muselina de tomate o unas chuletillas de cordero lechal a la parrilla, que acompañan con patatas fritas y pimientos. Huelga que decir que las brasas se preparan con la madera de encina procedente de la finca La Planta.

Restaurante tradicional.

El segundo, Taller Arzuaga, que es quizás su apuesta más ambiciosa, reconocida en la Guía Michelin 2020 con su primera estrella. Corre a cargo del chef peruano Víctor Rodriguez, cocinero que ha conseguido fusionar la cocina castellana con la peruana.

¿Funciona esta fusión? Lo hace y con creces. En el día a día, a los mandos está la chef Sara Martín Ferreres, que ejecuta a la perfección la cocina de este espacio al que se accede por un túnel interactivo. Con vistas una vez más a los viñedos y a las salas de producción de la bodega, en Taller la experiencia arranca en una gran sala de catas con unos aperitivos, para pasar más tarde por la cocina y terminar en la sala.

Durante el rato que dura la experiencia, disfrutas de pases en los que estas dos cocinas se ensamblan, creando bocados como un ceviche de trucha de la zona con leche de tigre, un éclair relleno de perdiz o una hoja de salvia en tempura que se corona con un roastbeef de ciervo. Y eso son solo sus aperitivos, porque el menú avanza con pases como el de su huerto ecológico, con vegetales y aromáticas de la finca La Planta, de la que se nutren para preparar platos como una crema de remolacha encurtida, guisantes en diferentes texturas o un brócoli braseado con crema de coliflor y té matcha.

Chuletillas de cordero lechal en El Taller.

¿Más platos? Por citar algunos, tomarás un pase de caza, que incluye un arroz con pato azulón, una crema de castañas y colmenillas y un plato de jabalí con su solomillo. 

¿El broche final? Las chuletillas de cordero lechal con aroma de sarmiento de vid, que acompañan con patata causa con molleja y olluco, un tubérculo andino. O cómo unir Castilla y Perú y salir más que airoso en la tarea.

Y qué decir de su bodega. Además de trabajar con todas las referencias de la casa, su head sommelier, Irene González, hace un recorrido por la zona, apostando por el origen, con vinos tan diferentes como los verdejos que se elaboran aquí e incluso una kombucha que preparan en exclusiva para el restaurante. De hecho, su labor fue reconocida recientemente con el Premio Verema al restaurante con mejor tratamiento del vino.

¿Un lugar que lo tiene todo? Este es el camino.

Texto e imágenes: Revista Traveler